Entre diagonales perfectas y numeraciones simétricas, La Plata esconde pequeños pasajes que no figuran en los mapas turísticos. Son callejones sin salida, recovecos entre medianeras, rincones donde el tiempo parece haberse detenido.

En estos espacios silenciosos aún resuenan historias de vecinos ilustres, de leyendas urbanas y de amores secretos.

Uno de estos rincones es el Pasaje Araya, una cortada casi invisible que une dos cuadras del centro con casas bajas y macetas colgantes. A metros del ruido del tránsito, allí florecen las plantas y las conversaciones entre vecinos. Otro ejemplo es el Pasaje Espora, en el corazón del barrio Meridiano V, con su encanto de pueblo chico y su aire bohemio.

Estos espacios no solo invitan a la contemplación sino que también narran la historia silenciosa de la ciudad: la de quienes la habitaron antes del cemento y las torres. En cada pared descascarada o verja herrumbrada se esconde un fragmento de identidad platense.

Redescubrir estos lugares es una invitación a mirar la ciudad con otros ojos. No todo lo esencial es visible desde las avenidas. Hay que caminar lento, dejarse llevar por la curiosidad y perderse un poco para encontrarse con una La Plata distinta.

Una caminata por estos pasajes puede transformarse en una expedición urbana, en la que el verdadero hallazgo no es el lugar, sino la historia que ese rincón tiene para contar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *