Las plazas de La Plata no son solo espacios verdes: son territorios vivos donde se gestan encuentros, se construye comunidad y se resiste al ritmo frenético de la ciudad.

En ellas, el mate se vuelve excusa y ritual. En ronda, sobre mantas, vecinos de todas las edades encuentran un punto común.

En Plaza San Martín se mezclan estudiantes, artistas callejeros y familias. En Plaza Malvinas se dictan clases de yoga, se venden libros usados, se arma la feria. En Plaza Belgrano, los fines de semana se improvisan peñas, con bombos y guitarras.

Cada plaza tiene su identidad y su pulso propio.

Durante los últimos años, estos espacios se convirtieron también en escenarios de lucha. Desde pañuelazos hasta movilizaciones barriales, pasando por festivales culturales autogestivos, las plazas fueron y son puntos de expresión colectiva.

En un contexto de encierros y pantallas, la vida en las plazas se volvió refugio. Allí se comparte el tiempo, la palabra y la mirada. No hay algoritmos, hay presencia real.

Caminar por las plazas platenses es volver a lo simple. Es redescubrir el poder del encuentro. Y confirmar que, a veces, la revolución empieza con un mate en ronda.

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