Más allá de su origen histórico, San Valentín se consolidó como una de las fechas más reconocidas a nivel global, asociada al amor, la amistad y los vínculos afectivos. Cada febrero, la jornada vuelve a instalarse en conversaciones, comercios y redes sociales.

La celebración tiene raíces en la antigua Roma, pero fue transformándose con el paso del tiempo hasta adquirir el significado actual, donde los gestos simbólicos ocupan un lugar central.
Regalos, flores, chocolates y mensajes son algunas de las formas más comunes de expresar afecto, aunque en los últimos años también ganaron espacio las experiencias compartidas y las propuestas menos tradicionales.

Si bien suele asociarse a las parejas, en muchos países la fecha se amplió para incluir la amistad, reforzando la idea de celebrar los vínculos en todas sus formas.
“Cada año se envían más de 145 millones de tarjetas de San Valentín en todo el mundo”.
En Argentina, la fecha creció de la mano del consumo, pero también de nuevas formas de comunicación digital que resignificaron el modo de expresar sentimientos.

San Valentín sigue vigente porque, más allá del marketing, conecta con una necesidad universal: decir lo que sentimos.
