Aunque no lo diga ningún recetario, hay platos que nacieron o crecieron en La Plata y hoy forman parte de su cultura popular. Más allá de las empanadas y el asado, existen sabores que tienen marca local, transmitidos de generación en generación.

En los barrios del oeste, el «pastel de polenta» se convirtió en tradición familiar. En el centro, el sándwich de milanesa con criolla tiene más adeptos que muchas cadenas internacionales. Y en las panaderías de Tolosa, la torta de ricota tiene una receta propia que no se consigue en ningún otro lado.

Los secretos están en las cocinas de las casas, pero también en los comedores escolares, en las sociedades de fomento, en los clubes de barrio. Allí donde se cocina para muchos y con lo que hay, florecen las variantes locales.

Algunos cocineros jóvenes están empezando a recuperar estas recetas con una mirada actual: ingredientes agroecológicos, presentaciones cuidadas, respeto por los orígenes. En sus manos, la tradición se convierte en innovación.

Conocer la cocina platense es también conocer sus historias. Cada plato es una memoria en construcción, un gesto de identidad que se sirve caliente y se comparte.

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